se irán las horas desde los días
como una espiral desde su eje
a lado alguno, en fuga, sean
las diez como la una, inexistentes.
serán la ausencia desde una clave
en la fugaz existencia de dios.
la carne llena de rigor muerto;
los cabos sueltos de vital tenor.
como de piedra los gestos quedados
son en las facciones tallados, así,
impávidos marcos de esta sorpresa,
que vino como se fue, sin quererlo.